RUTA DE LOS OFICIOS

 

EL CARBÓN VEGETAL EN EL FRAGO

El pueblo de El Frago hunde sus orígenes en la Edad Media, primero como lugar de frontera, después como uno de los núcleos surgidos de la repoblación cristiana.

Las gentes de El Frago han explotado y gestionado su entorno natural, junto a la tradicional actividad agropecuaria y como cualquier otra comunidad rural, se desarrollaron también numerosas actividades artesanales: tejedores, herreros…, pero entre todas ellas destacó la producción de carbón vegetal.

 

Hasta la mitad del siglo XX, el carbonero fue un complemento económico fundamental, aprovechando los meses invernales, terminadas las tareas agrícolas, los fragolinos, organizados en pequeñas cuadrillas se dirigían al monte, de su propio término o de los limítrofes, para iniciar el proceso de elaboración del carbón vegetal.

 

La base de la producción es el bosque bajo, dominada por las carrascas, con una madera densa, de crecimiento lento y muy lignificado, un material más productivo para el carbón vegetal que la madera de los bosques húmedos.

La tarea comenzaba con el corte de la madera o picado de amplias zonas, que años después podían volver a ser utilizadas para la misma función. Tras el acarreo de la leña a una zona inmediata, se procedía a la formación de la cabera o carbonera, una gran estructura circular, de perfil semiesférico, ligeramente apuntado.

La clave del proceso era una buena construcción, con sus correspondientes chimeneas y boqueras, tras los troncos de mayor tamaño, los huecos se rellenaban con ramas y una capa de tierra, de modo que se obtuviera una combustión lenta, sin entrada de demasiado oxígeno que llevara a la aparición de llamas.

Una vez terminada, se procedía al encendido y durante varias jornadas, día y noche, bajo la atenta vigilancia de los carboneros se completaba el proceso de convertir la madera en carbón. Durante el proceso, la cabera irá perdiendo volumen y adquiriendo un perfil más redondeado.

Cuando se había enfriado, previa limpieza de la capa exterior, se procedía al transporte del carbón limpio en carros para su comercialización hacia los centros consumidores y distribuidores, normalmente a Ejea de los Caballeros o Zaragoza.

El auge de la actividad carbonera, durante el siglo XIX y parte del XX es consecuencia del aumento de la demanda en el marco de desarrollo del país, el mismo proceso que finalmente dejará obsoleta esta actividad.